Examen final de estadística actuarial vida
He sacado un cinco, lo sé ya mismo. Un cinco pelao, incisivo, con ahínco. Me siento entre bobo y exultante. Feliz de haber dejado atrás la estadística actuarial vida, y humillado por no haber podido demostrar más. Sobre todo cuando sé que lo que he hecho bien está bien, y que lo que he hecho mal ha sido por confundir pequeñas cosas.
Tengo la sensación de que es un examen que premia la memoria. La memoria pura de recordar una imagen, una secuencia en un desarrollo… porque si algo tiene la estadística actuarial es que es una cascada de nomenclatura, de “qus” con índices y subíndices, “és” con bolita, sombra aquí y sombra allá. A mí me daría vergüenza ganar una copa así, recordando de memoría que la qú de i de exis es la probabilidad independiente, que no la dependiente que he desarrollado yo.
La profe ha dicho que una pregunta era difícil, y el resto no, y un par un regalo. Me gustaría que me dijera cuál de las 4 preguntas era la chunga, porque para mí era un continuo.
Y ya paro.
La primera pregunta eran dos apartados; demostrar la esperanza media de vida completa diferida m y temporal n.
Demostrar la cantidad de existencia como suma de cohortes (lx).
Un ejercicio de un tanto instantáneo de fallecimiento variable dentro de 1 año.
Un ejercicio de 3 cabezas que yo, con 3 pares, le he resuelto de dos formas; como la binomial que proponía ella y como hemos aprendido en Matemática actuarial vida, que de algo me tiene que servir el álgebra de Boole.
Un ejercicio de recordar que es esa qu de i de x. La probabilidad de que un individuo inválido fallezca como inválido.
Fin.

