Los infravalorados
Y publica la vanguardia el 11 de diciembre:
Un 31% de los trabajadores españoles de entre 25 y 54 años acredita un nivel de formación superior al que exige su empleo. Este porcentaje sitúa a España doce puntos por encima de la media europea (19%).
Luego explica que esto provoca sobrecualificación en muchos puestos de trabajo, y concluye:
En suma, urge que España corrija sus estructuras educativas y laborales para acercarlas a las de países como Francia o Alemania, donde el fracaso escolar es menor, la formación profesional está bien extendida y el número de titulados superiores se aproxima más al que la sociedad finalmente va a reclamar.
Lo que se está diciendo es; en España hay mucha gente con muchos estudios y muy bien preparada, pero no hay puestos de trabajo para ellos porque los puestos que existen, y ya están ocupados, son para categorías inferiores. SOLUCIÓN: que la gente no se prepare tanto.
Con un par.
Tal vez el problema está no en que la gente este sobre-preparada, sino que los puestos laborales en españa están infra-utilizados. No es una novedad decir que la riqueza se genera con los incrementos de productividad; con la capacidad de añadir valor a la producción. Y esto precisamente requiere una grandísima formación. Es decir, tenemos una balanza donde se debe equilibrar la responsabilidad y alcance del puesto de trabajo y por otro lado la capacidad del trabajador. Si los puestos de trabajo son ridículos, intensivos en fuerza bruta y poco exigentes, evidentemente no hace falta ningún titulado. Y si hay titulados, se les utilizará infravalorando sus capacidades y despreciando su potencial.
El otro camino, la otra solución: invertir en capital para que los puestos de trabajo ofertados sean más “potentes”, es decir, subir la exigencia y la responsabilidad para adecuarlos a la capacidad del trabajador. Invertir en capital, y también favorecer legalmente estos puestos de trabajo, hacer más flexible la incorporación, la formación, y en definitiva, más atractiva la contratación y las apuestas de futuro.
No hacerlo así, supone meterse de lleno en un círculo vicioso: potenciando la estructura laboral pobre en capital humano, sólo queda especializarse en este terreno; bajar todavía más los salarios, reducir la productividad laboral, despreciar el valor añadido y las inversiones en capital.